A una década del ascenso de Morena en Tláhuac, el grupo político que lideró Rigoberto Salgado Vázquez atraviesa una crisis interna que deja ver el desgaste de su estructura más antigua.
Entre las rupturas más significativas se encuentra la de Gabriel “Kanek” Zacarías Ángeles, operador clave en comunicación social, quien pasó de ser una de las figuras con más poder mediático dentro de la alcaldía a quedar fuera del gabinete tras perder respaldo político.
Del crítico opositor al estratega de Morena
Gabriel Kanek Zacarías Ángeles, licenciado en Administración de Empresas por el Centro Trilingüe (2023), es conocido por haber fundado y dirigido el medio local La Iguana Nius, un periódico que durante años criticó a las autoridades de la entonces Delegación Tláhuac.
Sin embargo, con la llegada de Rigoberto Salgado y el triunfo de Morena en 2015, el medio desapareció y Zacarías pasó a integrarse al equipo del nuevo gobierno.
A partir de entonces, se convirtió en un operador de confianza en temas de comunicación política, impulsando la imagen pública de Salgado y posteriormente de Berenice Hernández Calderón.
Aunque popularmente se hace llamar “Doctor Kanek”, este título es solo un apodo político y mediático, ya que no cuenta con grado de doctorado académico.
El poder detrás de la comunicación
Zacarías ocupó cargos estratégicos en la administración pública local durante varios años:
fue secretario particular, director de Comunicación Social, y posteriormente asesor en difusión en el Fideicomiso Educación Garantizada de la Ciudad de México.
En todos ellos, destacó por su capacidad para controlar la narrativa institucional y manejar los canales digitales de la alcaldía y de los líderes de Morena en Tláhuac.
Fuentes internas señalan que tenía la última palabra en temas de comunicación digital: ninguna publicación, fotografía o boletín se difundía sin su autorización.
Durante años, esa centralización de decisiones le otorgó un poder significativo dentro de la estructura, pero también generó fricciones con otras áreas del gobierno.
Del control al declive
En abril de 2025, Kanek Zacarías fue nombrado director general de Desarrollo Social y Bienestar en la Alcaldía Tláhuac.
El cargo representaba un ascenso dentro del gabinete y una oportunidad para ampliar su influencia en los programas comunitarios. Sin embargo, su gestión duró menos de seis meses.
El 15 de septiembre de 2025, fue separado de su cargo tras haber manifestado interés en promover su perfil político rumbo a la elección de 2027 y no alinearse a la línea del grupo Salgado.
Más que una represalia, su salida fue interpretada por varios funcionarios como una consecuencia natural del mismo esquema de control que él había contribuido a consolidar.
El poder que durante años ejerció sobre la comunicación institucional se disolvió al perder el respaldo del grupo.
Después del poder: entre la independencia y el cálculo político
Lejos de retirarse de la vida pública, Gabriel “Kanek” Zacarías ha intentado mantenerse vigente a través de la página Tláhuac Sonríe (antes Clauaxon Ríe), desde donde promueve actividades vecinales y mensajes de corte social, aunque con una clara intención de reposicionarse políticamente.
En un video reciente, Zacarías adoptó un tono de víctima, responsabilizando directamente a integrantes del grupo político local por presuntas represalias y advertencias hacia quienes interactúan con sus publicaciones.
“El mensaje que dieron —afirmó— es que quienes me sigan o den ‘like’ a mis publicaciones serán sancionados o despedidos. Eso no lo puedo permitir”, declaró.
Sin embargo, dentro del propio entorno político de Tláhuac, su mensaje se interpreta más como una estrategia de visibilidad que como una denuncia real. Fuentes cercanas a la alcaldía aseguran que el grupo Salgado no lo toma en cuenta desde hace tiempo, y que sus intentos de reactivar redes y alianzas responden más a un intento de recuperar presencia o aspirar a una candidatura local en los próximos comicios.
Reacomodo y lectura política
Con su salida, el equipo de comunicación que encabezaba perdió peso dentro del gobierno local, cerrando una etapa marcada por el control mediático y la concentración del discurso institucional.
La ruptura entre Zacarías y el grupo Salgado evidencia el reacomodo interno de Morena en Tláhuac, donde nuevas figuras buscan consolidarse rumbo a 2027. Entre ellas, destaca Raymundo Martínez Vite, exalcalde de la demarcación, quien ya se ha pronunciado como precandidato y cuenta con el respaldo de sectores que en su momento impulsaron la expansión del proyecto Utopías.
Pese a su experiencia en comunicación política y su conocimiento de la estructura territorial, Kanek Zacarías enfrenta hoy un escenario adverso, con menos influencia interna y una militancia cada vez más fragmentada.
Su discurso de independencia y denuncia puede interpretarse más como una jugada mediática para mantenerse en el mapa político que como un verdadero acto de ruptura ideológica.
El cierre de un ciclo
La trayectoria de Zacarías refleja el ocaso del modelo de control político y comunicativo que dominó Tláhuac durante más de una década. No es la historia de un perseguido, sino la de un operador que formó parte del poder, lo ejerció con fuerza y fue desplazado por las mismas dinámicas internas que alguna vez manejó.
Mientras el clan Salgado redefine su liderazgo y figuras como Martínez Vite reemergen en el tablero, Tláhuac entra en una nueva etapa política, marcada por la competencia, la fragmentación y la pugna por el control del territorio.
Del control a la disidencia simulada
Lo que ocurre en Tláhuac no es solo un pleito interno: es el reflejo de una mutación política en curso, donde los viejos operadores intentan reinventarse como voces críticas de un sistema que ellos mismos ayudaron a construir.
En ese contexto, Gabriel “Kanek” Zacarías no encarna la resistencia, sino la nostalgia del poder. Su discurso de independencia es, más bien, una estrategia de supervivencia frente a una estructura que ya no lo necesita y un movimiento que ha aprendido a prescindir de sus antiguos comunicadores.
Mientras tanto, el grupo Salgado se rearma y Raymundo Martínez Vite asoma como el nuevo rostro del proyecto rumbo a 2027, con el reto de mantener la hegemonía territorial en un panorama donde la lealtad es volátil y la memoria política corta.
Así, Tláhuac vuelve a ser laboratorio del poder local: un territorio donde las lealtades se desgastan, los operadores se reciclan y las utopías cambian de manos, pero la disputa por el control del relato —ese que define quién manda y quién queda fuera— continúa tan viva como siempre.





